La depresión es un trastorno del estado de ánimo que se presenta como un estado de abatimiento e infelicidad; éste puede ser transitorio o permanente. Es natural que en algún momento de nuestras vidas experimentemos depresión frente a la pérdida de algo valioso: un ser querido, el trabajo, la salud, la autoestima, etc. Si este episodio depresivo es prolongado y no percibimos ningún tipo de cambio, estamos  hablando de una depresión clínica que requiere de ayuda especializada.

La depresión puede ser exógena o endógena; es exógena cuando hay cambios en el entorno en el que vivimos, como problemas en las relaciones interpersonales, problemas económicos, pérdida de seres queridos, el impacto de enfermedades graves, entre otras. La depresión endógena es producida por cambios bioquímicos en nuestro organismo, entrando a tallar la predisposición genética, trastornos hormonales, efectos colaterales de algunos medicamentos, etc.

La depresión en el adulto mayor suele presentarse a través de somatizaciones e incluso, en algunos casos, se han observado verdaderos cuadros de hipocondría. La pérdida de peso por falta de apetito, la alteración en el sueño y en el estado de ánimo (irritabilidad y malhumor), también son indicadores de un cuadro depresivo.
En algunas oportunidades, la depresión se presenta como Deterioro Cognitivo (declinación en las funciones cognitivas como la atención y memoria), en estos casos hablamos de una demencia reversible, conocida también como pseudodemencia.    

El entrar a la tercera edad, significa ingresar a un nuevo período del ciclo vital, donde encontramos un espacio para acercarnos a nosotros mismos y percibir nuestra realidad, es entonces cuando empezamos a tomar conciencia de que nuestras vidas están cambiando y que experimentaremos cambios a nivel físico, psíquico, social y económico; factores que muchas veces predisponen el desarrollo de un cuadro depresivo.  
Para evitar la depresión en esta etapa, es importante prepararse para los grandes cambios (jubilación – cambio de domicilio), mantener las relaciones con los amigos, empezar con pasatiempos, mantener contacto con la familia y desarrollar actividad física.

Planificar la jubilación es un punto clave y para ello debemos preparar un plan de vida. Se sugiere que primero se pase por un chequeo a nivel físico y mental, a fin de escoger algunas actividades que sean favorables en nuestra salud. Escoger entre dos y tres actividades que sean motivadoras para nosotros y desarrollarlas dentro de un horario semanal. Las actividades pueden ser muy variadas: viajes, artes plásticas (pintura, escultura, teatro, yoga, etc.), técnicas orientales, deportes, estudios, negocios, etc.

Practicar deporte mejora la agilidad mental y disminuye la ansiedad y depresión leve.

 

Investigaciones recientes revelan que una depresión prolongada reduce el tamaño de algunas partes del cerebro, especialmente en áreas relacionadas a la memoria (hipocampo). También se ha observado que la depresión limita la creación de nuevas neuronas y produce un incremento de la producción de la hormona cortisol, teniendo un efecto tóxico sobre las neuronas del hipocampo.

 

Lic. Ángela Trigoso Delgado
Psicóloga