En el Perú, lamentablemente, es una noticia que nos golpea cada día. Prevención es educación: No lo olvide

El abuso sexual en los niños es más común de lo que se piensa. Las cifras son preocupantes no sólo aquí, también en países que se precian de desarrollados. Según UNICEF, más de diez millones de niños sufren de explotación sexual forzada en el mundo. En el Perú, según las cifras de las instituciones públicas, los casos de abuso sexual se incrementan cada año. Por consiguiente, hay que tener cuidado de no dejar a los niños en la casa ni en la calle, pues por lo general no pueden cuidarse solos. ¿A cuántos afecta y cómo enfrentarlo? Se debe realizar campañas de prevención contra el abuso sexual para hacer frente a esta problemática social tanto en los hogares como en los colegios.

Se considera abuso sexual infantil a cualquier forma de contactos e interacciones físicas entre un menor (víctima) y un adulto (agresor); cuando este último usa al niño(a) para estimularse sexualmente, él mismo o a otra persona.

Es decir el abuso sexual infantil se produce con o sin penetración (digital, vaginal, oral y/o anal), con o sin contacto físico (puede tratarse de caricias o proposiciones verbales explícitas) con o sin violencia o intimidación y con o sin consentimiento. El menor es utilizado como objeto sexual por parte de otra persona con la que mantiene una relación de desigualdad de poder de algún tipo: la edad, la madurez psicológica o biológica, o algún tipo control.

El abuso sexual puede ser también cometido por una persona menor de 18 años cuando ésta es mayor que el niño o se encuentra en posición de poder o control sobre este.


FASES:

El abuso sexual de un menor es un proceso que consta generalmente de varias etapas o fases:

1. Fase de SEDUCCIÓN: el futuro abusador manipula la dependencia y la confianza del menor. Es en esta etapa donde se incita la participación del niño o adolescente por medio de regalos o juegos.

2. Fase de INTERACCIÓN SEXUAL ABUSIVA: es un proceso gradual y progresivo, que puede incluir comportamientos exhibicionistas, voyeurismo, caricias con intenciones eróticas, masturbación, etc. En este momento ya se puede hablar de “abuso sexual”.

3. Instauración del SECRETO: el abusador, generalmente por medio de amenazas, impone el silencio en el menor, a quien no le queda más remedio que adaptarse.

4. Fase de DIVULGACIÓN: esta fase puede o no llegar  ya que muchos abusos quedan por siempre en el silencio por cuestiones sociales.

5. Fase REPRESIVA: generalmente ocurre después de la divulgación, en el caso de que el abusador forme parte de la familia, se busca desesperadamente un reequilibrio para mantener a cualquier precio la cohesión familiar, por lo que se tiende a negar, a restar importancia o a justificar el abuso.


¿QUIÉNES COMETEN ESTE TIPO DE ABUSOS?

Dentro de las estadísticas  se considera  que una gran mayoría de los abusadores sexuales de menores son hombres (aproximadamente, un 87%) casados y familiares o allegados del menor, por lo que tienen una relación previa de confianza con éste (sólo entre el 15 y el 35% de los agresores sexuales son completos desconocidos para el menor); y cometen el abuso en la etapa media de su vida (entre los 30 y los 50 años).

Las mujeres abusadoras suelen ser mujeres maduras que cometen el abuso sobre adolescentes.

El abusador sexual es una persona de apariencia, inteligencia y vida normal. Con todo, suelen presentar rasgos marcados de neuroticismo e introversión, así como de inmadurez. No obstante, la pedofilia suele aparecer junto con otra parafilia y estar asociada a otros trastornos, como el alcoholismo o la personalidad antisocial.

Según un estudio, la mitad de ellos no recibió ningún tipo de expresión de afecto durante su infancia y adolescencia, presenta problemas con el consumo de alcohol y no presenta déficit en habilidades sociales, aunque sí falta de empatía hacia sus víctimas, negando además el delito (rasgos no necesariamente acumulables en cada individuo).


¿CÓMO SABER QUE NOS ENCONTRAMOS ANTE UN PROBABLE ABUSO SEXUAL?

El principal indicador de la existencia de abuso sexual es el relato de la victima, pero resulta necesario  establecer otros criterios que contribuyan a verificar los relatos infantiles y  permitan validar el diagnóstico.

Así, se puede observar en niños o adolescentes que han sufrido este tipo de abuso problemas conductuales como:  dificultad para relacionarse con las demás personas, no querer hablar,  retraimiento, cierta tendencia a mentir,  promiscuidad sexual, ataques de ira,  auto-agresiones, huidas de la casa, evitar conversaciones sobre el tema, evitar a personas que puedan hacer aflorar los recuerdos, etc.
 
En cuanto a las dificultades emocionales observamos  baja autoestima, indicadores de ansiedad, depresión, trastornos del sueño (insomnio y pesadillas), dificultades para ejecutar las tareas habituales, distanciamiento, etc.

El diagnóstico de abuso sexual infantil suele tornarse complicado por varias razones, ya que los abusos suelen suceder en el mayor de los secretos, de los cuales sólo son conocedores los involucrados. Finalmente, validar un diagnóstico de abuso sexual es un tema delicado por las implicancias a corto plazo, legales y emocionales para la víctima y su entorno.

 

Lic. Claudia Cáceres Le Breton  
Psicóloga
Clínicas Maison de Santé